Durante décadas, el diagnóstico de la enfermedad de Huntington significó aceptar un declive implacable. Ahora, las terapias genéticas emergentes están remodelando esa perspectiva, sugiriendo que puede ser posible no sólo predecir la aparición de la enfermedad, sino también ralentizar su progresión, incluso después de que aparezcan los síntomas. Se trata de un cambio profundo que ofrece una esperanza real donde antes casi no la había.
La biología de la enfermedad de Huntington
La enfermedad de Huntington es un trastorno hereditario poco común que daña progresivamente las células nerviosas del cerebro. La causa fundamental radica en una mutación en el gen huntingtin. Esta mutación crea una repetición anormalmente larga de segmentos de ADN, lo que da como resultado una proteína Huntingtina tóxica. Con el tiempo, esta proteína se acumula, envenena las células cerebrales y provoca daños neurológicos irreversibles.
La enfermedad sigue un patrón de herencia autosómico dominante: cada hijo de un padre afectado tiene un 50% de posibilidades de heredar el gen. Esto crea una situación particularmente angustiosa para las familias, ya que enfrentan la perspectiva de ver cómo la enfermedad se desarrolla a través de generaciones sabiendo que los parientes más jóvenes corren el mismo riesgo. Históricamente, el tratamiento se ha centrado en controlar los síntomas en lugar de abordar la causa genética subyacente.
Nuevos enfoques genéticos: un punto de inflexión
Las investigaciones actuales se centran en intervenir a nivel genético. A la vanguardia está una terapia genética experimental única, AMT-130, que entrega nuevas instrucciones directamente al cerebro para reducir los niveles de la proteína tóxicahuntingtina. Otras terapias tienen como objetivo corregir el ADN defectuoso o mejorar los mecanismos naturales de reparación del ADN del cuerpo. La clave es atacar la causa raíz de la enfermedad antes de que se produzcan daños irreversibles.
Las terapias genéticas son más efectivas cuando se aplican temprano, antes de una pérdida neuronal generalizada. La enfermedad de Huntington progresa lentamente y el daño celular comienza años antes de que aparezcan síntomas motores visibles, como movimientos incontrolados. Este período prolongado de “silencio” lo convierte en un candidato ideal para la intervención temprana.
Los resultados de ensayos recientes demuestran una progresión más lenta
Un estudio clínico reciente examinó los efectos de una terapia genética única en adultos con enfermedad de Huntington moderada. Los participantes recibieron un tratamiento diseñado para reducir la producción de la proteínahuntingtina mutante, administrada a través de un virus inofensivo diseñado mediante un procedimiento quirúrgico.
Los primeros datos sugieren que los efectos secundarios del procedimiento son comparables a los de la cirugía cerebral estándar, y hasta ahora no se han identificado nuevos problemas de seguridad a largo plazo. Durante tres años, aquellos que recibieron la dosis más alta de la terapia mostraron una disminución más lenta en la función motora y las actividades diarias en comparación con un grupo de control. Esto significa que las personas pueden conservar un mejor control sobre sus movimientos durante varios años más. Para las familias, esto se traduce en más tiempo con sus seres queridos, viviendo de forma independiente y participando plenamente en la vida.
El camino a seguir: de la inevitabilidad a la influencia
El objetivo inmediato no es eliminar por completo el riesgo genético, una hazaña que va más allá de las capacidades actuales y plagada de preocupaciones de seguridad. En cambio, los científicos pretenden retrasar, suavizar o controlar parcialmente la progresión de la enfermedad. Tratamientos como el AMT-130 representan pasos imperfectos pero prometedores en esta dirección, lo que demuestra que incluso las condiciones genéticas de larga data pueden modificarse.
Este cambio de un declive inevitable a una influencia potencial sobre el curso de la enfermedad puede ser el avance más significativo de todos. Es posible que la enfermedad de Huntington aún no sea curable, pero el futuro para quienes portan la mutación es ahora demostrablemente más brillante que antes.



























