La vida rara vez sale según lo planeado. La mayoría de las personas actúan bajo el supuesto de que tienen el control, pero acontecimientos inesperados nos obligan a afrontar la realidad de que esto suele ser una ilusión. Sin embargo, las grandes perturbaciones no son sólo reveses: revelan quiénes somos realmente y pueden ser un catalizador del crecimiento.
La Revelación en la Disrupción
El término “apocalipsis”, derivado del griego apokálypsis, significa revelación. Si bien el cambio se siente como un final, a menudo expone verdades ocultas sobre nosotros mismos. Shankar, ex asesora de la Casa Blanca de Obama, explora este fenómeno en su trabajo sobre resiliencia, basándose en la psicología cognitiva y la neurociencia.
Un ejemplo sorprendente proviene de la historia de Olivia, una estudiante universitaria que sufrió un derrame cerebral que la dejó con el síndrome de enclaustramiento. Incapaz de moverse o hablar, sólo podía comunicarse parpadeando. Antes del derrame cerebral, Olivia complacía crónicamente a la gente y constantemente curaba su imagen para obtener su aprobación. Después esa opción desapareció. Obligada a enfrentarse a su yo sin filtros, experimentó una autoaceptación más profunda que antes.
La ilusión del control
Los seres humanos sobreestiman su control sobre los resultados: una “ilusión de control” que, aunque inexacta, proporciona significado y motivación. Las investigaciones muestran que las personas a menudo se sienten más estresadas por la incertidumbre que por los resultados negativos conocidos, lo que resalta nuestra aversión a la imprevisibilidad.
En lugar de rendirse al caos, Shankar aboga por recuperar el control mediante un replanteamiento cognitivo y herramientas basadas en evidencia. Un concepto clave es la “ilusión del fin de la historia”, la falsa creencia de que hemos terminado de evolucionar. En realidad, nuestras creencias, valores y habilidades de afrontamiento siguen siendo maleables, especialmente durante cambios importantes en la vida.
Anclar la identidad al propósito
Shankar sugiere anclar la identidad no a roles o etiquetas (como “padre” o “violinista”) sino a motivaciones subyacentes. Cuando su propia lesión en la mano en la infancia acabó con su carrera como violinista, se dio cuenta de que no había perdido la actividad en sí, sino una identidad. Al centrar su atención en la conexión emocional que sentía a través de la música, encontró nuevas formas de expresarla a través de la narración y la psicología.
Esto se aplica ampliamente. Identificar las necesidades más profundas detrás de los roles crea un “aterrizaje más suave” cuando las circunstancias cambian. Por ejemplo, un padre que pierde a su hijo podría redefinirse no como padre, sino como alguien que busca y encuentra amor y conexión de nuevas maneras.
Herramientas psicológicas para la resiliencia
La negación a corto plazo puede ser un mecanismo natural de amortiguación durante una crisis, pero la adaptación a largo plazo requiere integración. Las estrategias incluyen:
- Autoafirmación: Escribir partes intactas y significativas de tu identidad reduce la reflexión.
- Elevación moral: Ser testigo del coraje, la bondad o la resiliencia en los demás amplía nuestro sentido de lo que es posible.
El cambio no sólo trastorna los planes; desafía nuestras suposiciones sobre el control y el significado. Si preparamos nuestra mente con flexibilidad, autocompasión y curiosidad, podemos afrontar la agitación con mayor resiliencia.
En última instancia, la persona que sobrevive a la transición no es la misma que la inició. Los giros inesperados de la vida nos obligan a crecer de maneras que no podríamos haber imaginado.
























