Una infección renal, clínicamente conocida como pielonefritis, es una afección grave que generalmente se desarrolla cuando las bacterias viajan desde una infección del tracto urinario (ITU) hasta los riñones. Aunque son menos comunes, las infecciones renales también pueden deberse a infecciones de la sangre. La atención médica inmediata es fundamental porque las infecciones no tratadas pueden provocar complicaciones graves.
Reconocer los síntomas
El primer paso para controlar una posible infección renal es identificar los signos. Los síntomas comunes incluyen:
- Micción frecuente y dolorosa
- Orina turbia o con mal olor
- Fiebre y escalofríos
- Dolor en la parte baja de la espalda o en el costado.
- Náuseas y vómitos
Estos síntomas no sólo son incómodos; indican que la infección puede estar propagándose. La intervención temprana es fundamental para evitar que empeore.
Cómo diagnostican los médicos las infecciones renales
El diagnóstico comienza con una evaluación exhaustiva por parte de su proveedor de atención médica. Comenzarán haciéndole preguntas detalladas sobre sus síntomas, su gravedad y cuánto tiempo los ha experimentado. El médico también revisará su historial médico, prestando atención a factores de riesgo como:
- Cálculos renales: Pueden crear vías de infección.
- Agrandamiento de la próstata (hombres): Puede contribuir a las infecciones urinarias que pueden propagarse.
- Embarazo: Los cambios hormonales y las presiones físicas pueden aumentar el riesgo.
- Reflujo vesicoureteral (RVU): Una afección en la que la orina regresa a los riñones.
- Diabetes: La función inmune deteriorada hace que las infecciones sean más probables.
- Sistema inmunológico debilitado: Condiciones como el VIH aumentan la susceptibilidad.
Un examen físico detectará fiebre, frecuencia cardíaca rápida y presión arterial baja, todos indicadores de infección. La sensibilidad en la parte baja de la espalda o en los costados también es un signo clave.
Pruebas de laboratorio: confirmando la infección
Para confirmar el diagnóstico, los médicos se basan en dos análisis de orina primarios:
- Análisis de orina: Un examen microscópico para detectar bacterias o glóbulos blancos.
- Cultivo de orina: Identifica la bacteria específica que causa la infección, guiando las decisiones de tratamiento. Este proceso lleva unos días.
También se pueden solicitar análisis de sangre para detectar crecimiento bacteriano y recuentos elevados de glóbulos blancos.
Pruebas de imagen: cuando se necesita una evaluación adicional
Si los síntomas persisten, empeoran o hacen sospechar de complicaciones (como cálculos renales), se necesitan pruebas de imagen. Estos incluyen:
- Tomografía computarizada: Imágenes detalladas de rayos X de los riñones y los tejidos circundantes.
- MRI: Utiliza campos magnéticos para crear imágenes de alta resolución.
- Ultrasonido: Utiliza ondas sonoras para visualizar órganos.
- Cistouretrograma miccional (CUGM): Una radiografía que se toma al orinar, que ayuda a identificar anomalías estructurales.
Por qué es importante el diagnóstico temprano
Las infecciones renales pueden volverse peligrosas rápidamente si no se tratan. Pueden provocar daño renal, sepsis (una infección del torrente sanguíneo potencialmente mortal) e incluso enfermedad renal crónica. Buscar atención médica ante el primer signo de síntomas es la mejor manera de prevenir estos resultados graves.
El diagnóstico y el tratamiento oportunos no sólo alivian las molestias sino que también protegen la salud renal a largo plazo. Si sospecha de una infección renal, no se demore: consulte a un profesional de la salud de inmediato.

























