Un estudio a gran escala ha encontrado un vínculo significativo entre la adherencia a una dieta mediterránea y la reducción del riesgo de demencia. Investigadores de la Universidad de Newcastle en Inglaterra siguieron a más de 60.000 participantes durante una década, evaluando sus hábitos alimentarios junto con los factores de riesgo genéticos de demencia.
Hallazgos clave
El estudio reveló que las personas cuyas dietas se parecían mucho al patrón mediterráneo tenían hasta un 23% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con aquellos con menor adherencia. Este efecto se observó independientemente de la predisposición genética, lo que sugiere que la nutrición desempeña un papel importante incluso en personas de alto riesgo. Después de 10 años, 882 participantes desarrollaron demencia y los datos mostraron una correlación clara: mejor dieta, menor riesgo.
Por qué esto es importante
Los diagnósticos de demencia están aumentando y, si bien la genética influye, los factores del estilo de vida se reconocen cada vez más como críticos. Esta investigación respalda la idea de que los cambios dietéticos proactivos pueden afectar significativamente la salud del cerebro. Los hallazgos añaden peso a observaciones anteriores que vinculan el Alzheimer con la salud metabólica (a veces denominada “diabetes tipo 3”) y sugieren una vía concreta para la reducción del riesgo.
Cómo adoptar una dieta mediterránea
La dieta mediterránea no es un conjunto rígido de reglas, sino más bien un patrón de alimentación centrado en alimentos integrales y no procesados. Estos son los componentes clave:
- Prioriza el pescado: Incorpora pescado azul como el salmón, las sardinas o el arenque por sus ácidos grasos omega-3. Los suplementos pueden ser una alternativa.
- Eat a Rainbow: Llene su plato con diversas frutas y verduras para nutrir la salud intestinal y proporcionar antioxidantes.
- Limitar los alimentos procesados: Minimizar el consumo de snacks envasados, cereales refinados, azúcares añadidos y aceites no saludables (soja, maíz).
Perspectiva experta
John Mathers, Ph.D., autor principal del estudio, enfatiza la importancia de estos hallazgos: “Incluso para aquellos con mayor riesgo genético, tener una mejor dieta redujo la probabilidad de desarrollar demencia”. Si bien se necesita más investigación, este estudio proporciona la evidencia más sólida hasta el momento sobre los efectos protectores del estilo de alimentación mediterráneo.
Esta investigación refuerza el mensaje de que las elecciones dietéticas están bajo nuestro control y pueden reducir significativamente el riesgo de demencia, independientemente de los factores genéticos.
El estudio no demuestra que la dieta mediterránea prevenga la demencia, pero ofrece pruebas convincentes de que es una herramienta poderosa para mitigar el riesgo. Dados los beneficios más amplios para la salud, incluida la mejora de la función cardiovascular y la longevidad, adoptar una dieta más parecida a la mediterránea puede ser una de las medidas más efectivas que se pueden tomar para lograr el bienestar a largo plazo.























