Una nueva investigación sugiere que una dieta rica en alimentos ultraprocesados (UPF) puede hacer más que solo afectar la salud física; También podría estar afectando nuestro rendimiento cognitivo y la función cerebral a largo plazo. Un estudio reciente ha identificado un vínculo entre el alto consumo de UPF y la disminución de la capacidad de atención, así como una mayor presencia de factores de riesgo de demencia.
La conexión entre los alimentos preparados y el deterioro cognitivo
El estudio, que forma parte del Proyecto Cerebro Saludable, monitorizó a más de 2000 adultos de entre 40 y 70 años. Si bien ninguno de los participantes tenía demencia al comienzo del estudio, muchos tenían antecedentes familiares de la afección. Los investigadores utilizaron herramientas estandarizadas para evaluar las funciones cognitivas (específicamente atención, memoria y velocidad de procesamiento) junto con cuestionarios dietéticos detallados.
Los hallazgos revelaron una correlación mensurable:
– Capacidad de atención: Por cada aumento del 10 % en la ingesta de alimentos ultraprocesados, los participantes mostraron una caída en las puntuaciones de atención. Para poner esto en perspectiva, los investigadores señalan que un aumento del 10% equivale aproximadamente a agregar un paquete estándar de papas fritas a la dieta diaria de una persona.
– Factores de riesgo de demencia: El alto consumo de UPF se asoció fuertemente con factores de riesgo más “modificables” (condiciones que una persona puede controlar mediante cambios en el estilo de vida), como presión arterial alta, colesterol alto, obesidad e inactividad física.
– Memoria: Curiosamente, el estudio no encontró un vínculo significativo entre la ingesta de UPF y las puntuaciones de memoria, lo que sugiere que el impacto puede ser más específico de cómo el cerebro procesa la información y la atención inmediatas.
¿Por qué el procesamiento afecta al cerebro?
Los alimentos ultraprocesados son productos industriales que contienen aditivos que rara vez se encuentran en las cocinas domésticas, como colorantes, saborizantes, emulsionantes y conservantes artificiales. Los ejemplos comunes incluyen refrescos, embutidos, comidas preparadas y refrigerios envasados.
Si bien aún se está estudiando el mecanismo biológico exacto, los investigadores señalan dos vías principales:
1. El eje intestino-cerebro: Se sabe que los UPF alteran el microbioma intestinal. Debido a que el intestino y el cerebro se comunican constantemente, los cambios en las bacterias intestinales pueden influir en la salud neurológica.
2. Alteración endocrina: Estos alimentos pueden afectar el sistema endocrino, que regula las hormonas, lo que podría provocar resultados neurológicos negativos.
No sólo se trata de nutrientes “faltantes”
Un aspecto crítico de esta investigación es que los efectos negativos de los UPF parecen existir independientemente de la calidad general de la dieta. Los investigadores ajustaron sus datos para tener en cuenta la adherencia a la dieta mediterránea, un estándar de oro para la salud del corazón y el cerebro.
Incluso cuando los participantes siguieron una dieta generalmente saludable, la presencia de productos ultraprocesados todavía se correlacionaba con una peor atención. Esto sugiere que el problema no es sólo que los UPF reemplazan alimentos saludables como verduras y nueces, sino que los ingredientes procesados en sí mismos pueden ser activamente dañinos. Específicamente, las bebidas azucaradas y los productos animales ultraprocesados (como las carnes frías) se señalaron como de riesgo particularmente alto.
Contexto y limitaciones
Si bien estos hallazgos son importantes, los expertos instan a una interpretación matizada. Debido a que el estudio fue observacional y se basó en datos dietéticos autoinformados, puede mostrar una correlación pero no puede probar una causalidad. Es posible que otros factores del estilo de vida influyan tanto en la dieta como en la salud del cerebro.
Además, el término “ultraprocesados” es un concepto amplio. Puede incluir de todo, desde refrescos azucarados hasta cereales integrales fortificados, lo que dificulta identificar qué ingredientes específicos son los culpables. Algunos profesionales médicos sugieren que, en lugar de perderse en los tecnicismos de los “niveles de procesamiento”, los consumidores deberían centrarse en las pautas dietéticas establecidas que enfatizan los alimentos integrales y la densidad de nutrientes.
“Este estudio se suma a la creciente evidencia de que un mayor consumo de alimentos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia”. — W. Taylor Kimberly, MD, PhD, Facultad de Medicina de Harvard
Conclusión: Si bien aún no se ha demostrado que el vínculo entre los alimentos ultraprocesados y el deterioro cognitivo sea causal, los datos sugieren que incluso pequeñas adiciones diarias de refrigerios procesados pueden afectar la atención y aumentar los marcadores biológicos asociados con la demencia.
